martes, 12 de enero de 2016

¿ SOY UNO DE LOS ELEGIDOS? O ¿ QUÉ DEBO HACER PARA SER SALVO ?

El Nuevo Testamento nos dice que, para salvar a los hombres, Dios elige, predestina, llama, regenera, justifica, santifica, preserva y glorifica, aunque no nos ofrezca todo estos elementos en un solo texto. Tenemos, sin embargo partes de este proceso en Hechos 2:37-41; ( quizá también en 26:18); Romanos 6:22; 8:29-30 y otros).

Siguiendo un orden lógico en este proceso de selección, por decirlo así, diremos que nuestra salvación ha tenido una prehistoria. Dios tenía un plan amoroso que nos engloba a cada uno de nosotros, no en general y de una manera errada, sino personalmente y con todo detalle: " Nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo" ( Efesios 1:49. Hubo una elección eterna para cada uno de los creyentes, una predestinación, una preparación del Espíritu Santo para que todas las cosas convergieran en favor nuestro ( ver Efesios 1:11-12). Finalmente, en un día de nuestra biografía concreta, se produjo un llamado eficaz de la gracia de Dios, que tuvo por resultado nuestra regeneración espiritual y nuestra conversión.

Sin embargo, para muchos, esto es motivo de suponer y objetar: exclusión, favoritismo, y arbitrariedad de parte de Dios, induciendo a los salvos a despreocuparse de la moralidad, a la par que induce a los no-salvos a la desesperación. La respuesta: Es que para nadie debe ser " razón " en suponer y objetar conforme lo anterior y para desesperarse ( pues la elección divina es un secreto), sino de estímulo, pues la predicación del Evangelio anima a " todos " a quedar convencidos de pecado y juicio, anhelando la salvación. De manera que la pregunta de todo pecador no debe ser: " Soy uno de los elegidos?, sino,: " Qué debo hacer para ser salvo? ( Hechos 16:30).

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